23/02/206, Telemadrid
El asfalto de nuestras rutas no es solo una cuestión de estética o confort; es el soporte de nuestra seguridad y de nuestra economía personal. Sin embargo, la realidad que nos encontramos al volante es preocupante. El mal estado de las carreteras en España ha pasado de ser una molestia a convertirse en una trampa financiera para las familias. Es por eso que Dvuelta ofrece gratis, un modelode reclamación patrimonial por daños a vehículos, (Puedes descargarlo aquí)
Recientemente, hemos analizamos cómo los temporales y la falta de inversión crónica han dejado tramos que parecen más un campo de minas que una vía pública. No se trata solo de baches; se trata de una dejadez administrativa que pagamos todos de nuestro bolsillo.
La realidad del asfalto: Baches que "atrapan" a los conductores
Hoy en día, ya no podemos decir simplemente que "pisamos un bache". La profundidad y el abandono de ciertos tramos hacen que, literalmente, los coches caigan en los baches. Esta situación se agrava tras episodios de lluvias o nieve, donde el firme se deshace, dejando al descubierto socavones que pueden destrozar un vehículo en milisegundos.
Desde mi experiencia técnica, el daño más común es el reventón de neumáticos. Un neumático estándar puede costar unos 300 euros, pero la realidad del taller es más cruda: si el neumático del otro lado tiene cierto desgaste, la normativa y la seguridad obligan a cambiar la pareja. De repente, un trayecto cotidiano se convierte en una factura de 600 euros.
He hablado con conductores que realizan la ruta Toledo-Madrid y describen la experiencia como "ir dando bandazos". Es inaceptable que en una de las arterias principales del país el conductor tenga que conducir haciendo eslalon para proteger la integridad de su vehículo.
El coste oculto: De suspensiones rotas a coches que duran la mitad
El daño no siempre es visible de inmediato. El mal estado de la red vial española actúa como un "asesino silencioso" para la mecánica. Las suspensiones se deshacen y las transmisiones sufren un estrés para el que no han sido diseñadas.
He observado una tendencia alarmante: coches que deberían tener una vida útil de 15 años terminan en el desguace o con reparaciones estructurales a los 6 años. Esta obsolescencia programada por el mal asfalto es una transferencia de costes de la Administración al ciudadano. Si el Estado no invierte en mantenimiento, el ciudadano termina invirtiendo el doble en el taller.
¿Es responsable el Estado de los daños en mi vehículo?
La respuesta corta es sí. Existe lo que legalmente conocemos como Responsabilidad Patrimonial de la Administración. Según la Ley 40/2015, el sector público tiene la obligación de indemnizar a los particulares por toda lesión que sufran en sus bienes o derechos, siempre que sea consecuencia del funcionamiento de los servicios públicos (en este caso, el mantenimiento de carreteras).
Para que tu reclamación prospere, debemos demostrar tres puntos clave:
- La existencia del daño: La factura del taller y el presupuesto detallado.
- El nexo causal: Demostrar que la avería fue causada directamente por ese bache o mal estado específico.
- La falta de mantenimiento: Probar que la vía no estaba en las condiciones de seguridad exigibles.
El desequilibrio fiscal: Pagamos 1.415€ al año por carreteras deficientes
Lo que más indigna a los socios de Dvuelta es el agravio comparativo. España cuenta con más de 28 millones de conductores que aportan anualmente casi 40.000 millones de euros a las arcas públicas a través de impuestos de matriculación, circulación, hidrocarburos y el IVA de cada reparación.
Esto significa que cada automovilista aporta de media 1.415 euros al año. Es una cifra más que suficiente para exigir una red vial de primer nivel. Estamos "dejando la hacienda" en impuestos y, lamentablemente, algunos están dejando mucho más en accidentes causados por la falta de inversión. Reclamar no es solo un derecho económico, es una cuestión de justicia social y seguridad vial.